martes, 8 de diciembre de 2009

Necesaria disculpa a comunidad afroperuana

En un gesto de trascendental reivindicación histórica, el presidente Alan García pidió perdón, a nombre del Estado y del Gobierno, a los ciudadanos afroperuanos por los abusos, exclusión y discriminación cometidos en su agravio a lo largo de los siglos.
No solo eso. Como era también absolutamente necesario, el presidente reconoció el esfuerzo de estos peruanos en la construcción del país y la nación, así como en la afirmación de nuestra identidad nacional, difusión de valores y defensa de la patria.
Tal actitud ha sido saludada por la mayoría ciudadana, no solo para saldar una deuda histórica, sino también en el entendido de que aún existen absurdos rezagos de racismo y discriminación que, fuera de cualquier otra consideración, son, por principio, intolerables y debemos erradicar.
La persona humana vale por sí misma y no por el color de su piel o lo que tiene, como lo reconocen las diversas religiones, la moral natural y los cuerpos normativos nacionales y supranacionales, como la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Es asimismo bajo esa premisa que la Constitución Política (art. 2) estipula que “toda persona tiene derecho: a la igualdad ante la ley. Nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo, idioma, religión, opinión, condición económica o de cualquiera otra índole”.
El perdón histórico a las poblaciones antes sojuzgadas dentro de un mismo país no debe verse solo como un acto político que involucre solo al Gobierno o a los grupos que pugnan por llegar a él. Como lo han hecho ya muchos países, resulta también una exigencia para convivir civilizadamente, pues el ejercicio y reconocimiento de nuestros derechos exige, como deber y complemento, el respeto a los derechos de los otros.
Así, incluso desde el punto de vista práctico los rezagos de racismo y discriminación representan, además, una dura y absurda barrera para el desarrollo social, económico, laboral y educativo de la población en general, y son fuente permanente de confrontación y hasta de conflicto.
En cuanto a nuestro Diario, a lo largo de la historia del Perú, El Comercio ha sido confaloniero y promotor de los derechos humanos. Y es igualmente conocida su firme posición por la abolición de la esclavitud en el siglo XIX, dando a conocer las decisiones particulares de liberar esclavos negros y luego incluso haciéndole recordar al propio presidente Ramón Castilla su promesa abolicionista, cuando su entorno parecía olvidar dicho compromiso. Nuestro director de entonces, Alejandro Villota, llegó al punto de mandar reproducir el histórico texto de la manumisión (liberación) en carteles que fueron pegados en todas las esquinas de Lima (1855) y luego, cuando Castilla ratificó su promesa, El Comercio hizo un gran elogio del Libertador.
Hoy ratificamos esta postura editorial y, en tal contexto, reiteramos las disculpas expresadas ayer en “Carta al lector”, por un desafortunado spot con contenidos racistas y agraviantes para la comunidad afroperuana y para un país, el nuestro, que concebimos y queremos consolidar como justo, unido y fraterno.
El mestizaje, como decía nuestro recordado director Aurelio Miró Quesada Sosa, es elemento crucial de la peruanidad. Es del encuentro de las diferencias que surgen creativamente las manifestaciones de la nacionalidad, por ejemplo en su idiosincrasia, gastronomía, expresión lingüística y artística, etc.
Sobran pues razones para apoyar el gesto presidencial, que es también un llamado a la reconciliación, la justicia, la igualdad y la unidad nacional que debe comprometernos a todos los peruanos y concretarse no solo en políticas públicas sino, sobre todo, en nuevas maneras de derribar barreras, acercarnos y dialogar. Todos somos peruanos.

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